Vivir
el presente es un constante desafío que requiere abandonar la pereza y pasar a
la acción consciente. LA ACCIÓN MÁS PEQUEÑA VALE MÁS QUE LA INTENCIÓN MÁS
GRANDE. Saber gozar de todo lo bueno que cada instante nos aporta, es un arte
difícil pero necesario y es señal de sabiduría apreciar e incorporar en nuestra
vida aquellos placeres esenciales escondidos, incluso en lo que nos parecen
situaciones límite. El sentido del humor y la visión positiva son una parte
importante del equipaje necesario para este trayecto vital tan lleno de
desafíos.
La
flexibilidad y la suavidad son características de la vida. Tenemos la opción
de escoger y crear, si es necesario, nuestro entorno psicoafectivo
óptimo. De hecho, vivir es decir SÍ a crecer, y crecer implica aprender a perder
pero también gozar del camino.
Transformarse
para mantener nuestra esencia supondrá aprender a confiar y a desprendiese de
los apegos a las formas, mirar más allá de la superficie y de lo tangible. Como
el águila, debemos enfrentarnos a más de un doloroso proceso de renovación a lo
largo de nuestra vida.
Hemos
aprendido que la persona que cambia puede equivocarse, pero que la que no
cambia nunca, vive equivocada.
