miércoles, 8 de junio de 2011

¿Acabarás siendo fuerte?

Siempre hay una razón en la que encontrar las fuerzas para levantarse.

A veces la vida nos golpea fuerte y levantarnos nos cuesta mucho tiempo, mucha fuerza,... pero sobre todo, nos cuesta muchas ganas, que es el principal factor para seguir hacia adelante. 
No te dejes vencer por las adversidades del momento, ¡SÉ MÁS FUERTE! 
"El miedo es la mayor discapacidad"

CUENTOS PARA PENSAR

Jorge Bucay escribe unos cuentos que nos pueden ayudar a pensar más allá de lo que vemos, que nos abre la mente hacia lo que no somos capaces de ver. 
Aquí os resumo uno de mis cuentos favoritos:

 EL BUSCADOR

Cuenta la historia de un hombre al que denominaría "buscador"
Un buscador es alguien que busca. No necesariamente es alguien que encuentra. Tampoco esa alguien que sabe lo que está buscando. Es simplemente para quien su vida es una búsqueda.

Un día decidió ir a la ciudad de Kamir, así que lo dejó todo y se puso en marcha, cuando iba de camino y empezaba a divisar la ciudad, le llamó la atención una colina que estaba un poco antes de llegar al pueblo.
 Estaba tapiada de un verde maravilloso, con flores preciosas y pajarillos cantando, con una portezuela de bronce que le invitaba a pasar, así que sucumbió la tentación de descansar un poco y entró en aquel precioso lugar. Comenzó a caminar sobre las piedras blancas dispuestas al azar que había entre los árboles y cuando se paró a mirarlas más detenidamente vio la inscripción de una de ellas: "Abedul Tare, vivió 8 años, 6 meses, 2 semanas y 3 días".se sobrecogió un poco al darse cuenta de que la piedra era una lápida y sintió pena al pensar que un niño de tan corta edad estaba enterrado en ese lugar. Observó bien la piedra de al lado y leyó en ella: "Llamar  Kalib, vivió 5 años, 8 meses y 3 semanas". El buscador se sintió terriblemente conmocionado, este hermoso lugar, era un cementerio y cada piedra una lápida, todas tenían inscripciones similares: un nombre y el tiempo de vida exacto del muerto, pero lo que más lo espantó, fue comprobar que, el que más tiempo había vivido, apenas sobrepasaba 11 años. Embargado por un dolor terrible, se sentó y se puso a llorar. El cuidador del cementerio pasaba por ahí y se acercó, lo miró llorar por un rato en silencio y luego le preguntó si lloraba por algún familiar. 
- No ningún familiar – dijo el buscador - ¿Qué  pasa con este pueblo?,  ¿Por qué tantos niños muertos enterrados en este lugar?, ¿Cuál es la horrible maldición que pesa sobre esta gente, que lo  ha obligado a construir un cementerio de chicos?.  
El anciano sonrió y dijo: -Puede usted serenarse, no hay tal maldición, lo que pasa es que aquí tenemos una vieja costumbre. Le contaré: cuando un joven cumple 15 años, sus padres le regalan una libreta, como esta que tengo colgando del cuello, y es tradición entre nosotros que, a partir de ahí, cada vez que uno disfruta intensamente de algo, abre la libreta y anota en ella: a la izquierda qué fue lo disfrutado y a la derecha cuánto tiempo duró ese gozo.
¿Conoció a su novia y se enamoró de ella? ¿Cuánto tiempo duró esa pasión enorme y el placer de conocerla?… ¿Una semana?, ¿dos?, ¿tres semanas  y media?… Y después… la emoción del primer beso, ¿cuánto duró?, ¿El minuto y medio del beso?, ¿Dos días?, ¿Una semana? … ¿y el embarazo o el nacimiento del primer hijo? …¿y el casamiento de los amigos…? ¿Y el viaje más deseado?, ¿y el encuentro con el hermano que vuelve de un país lejano?, ¿Cuánto duró el disfrutar de estas situaciones?… ¿horas?, ¿días?…
Así vamos anotando en la libreta cada momento, cuando alguien se muere, es nuestra costumbre abrir su libreta y sumar el tiempo de lo disfrutado, para escribirlo sobre su tumba. Porque ese es, para nosotros, el único y verdadero tiempo vivido.